En seguimiento al Encuentro Municipal, en octubre realizamos en el encuentro estatal. Con el objetivo de seguir fortaleciendo la vinculación e intercambio de conocimientos entre mujeres organizadas sobre las problemáticas relacionadas con el agua en Chiapas, para construir juntas procesos de organización y defensa del derecho al agua.
Los temas abordados en este espacio fueron: agua y transístmico, agua y palma aceitera, agua y falta de gestión municipal. Reconocemos que los problemas que existen en el estado en torno a la acaparación de agua para empresas, monocultivos y megaproyectos son grandes. Pero también sabemos que hay procesos importantes de lucha y resistencia impulsados desde las mujeres. Es así como, también abordamos los temas de agua y organización comunitaria, así como agua y participación de las mujeres en los espacios de toma de decisión. Estas y otras estrategias quedaron bordadas en la “Manta de las Resistencias”
Dejamos aquí el video documental en el que puedes escuchar desde la voz de las defensoras el abordaje de estos temas.
Acá podrás encontrar la memoria fotográfica en la que se recuperan importantes y poderosos momentos y reflexiones de este encuentro.
Con mucha alegría compartimos la memoria del poderoso proceso: Te queremos agua: hacia el fortalecimiento de las mujeres en la gestión participativa del agua en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Ha sido un espacio de encuentro, de reflexión y de construcción colectiva entre mujeres organizadas y defensoras del agua en rancherías, barrios y colonias de San Cristóbal de las Casas.
El proceso de formación nos permitió reconocer y politizar el papel fundamental que las mujeres realizan en la gestión, el cuidado y la defensa del agua como un bien natural común y necesario para todas las formas de vida.
A lo largo de este proceso, caminamos el territorio. Compartimos que las ecotécnicas aplicadas con perspectiva comunitaria y feminista en espacios urbanos y semi urbanos, son un medio para fortalecer e impulsar la participación y articulación social y política de las mujeres. Reafirmamos que las mujeres, desde sus territorios, lideran acciones por el acceso justo al agua, por su uso responsable y por la defensa de la naturaleza.
Reconocemos que el agua no es un recurso, es un bien común natural, un símbolo de vida, de resistencia y de vínculo con la tierra. De este proceso nos llevamos aprendizajes, vinculaciones y compromisos para continuar trabajando por los derechos de las mujeres, el trabajo en común y la organización. Agradecemos a todas las mujeres organizadas y defensoras que participaron en este poderoso proceso.
Mujeres en Lucha por la Gestión del Agua en San Cristóbal de Las Casas. El agua es un derecho humano, pero en San Cristóbal al igual que en muchos otros lugares del mundo, en realidad no es para todas y todos, y para acceder a ella tienes que luchar. En este corto documental las mujeres ponen de manifiesto la profunda desigualdad hídrica que existe en la ciudad. Mientras las mujeres de barrios y colonias se organizan y luchan para hacer frente a las afectaciones de salud, económicas, físicas y emocionales que les genera la falta de agua, las empresas y servicios turísticos derrochan sin medida. Les invitamos a escuchar las poderosas voces de las Defensoras del agua en San Cristóbal, su organización, su liderazgo y su lucha por la Justicia Hídrica son faros de luz para la organización comunitaria.
Sabemos que el conocimiento y la defensa del agua se construye en colectivo y desde una mirada territorializada. Con esa certeza, impulsamos en agosto de 2025, el encuentro municipal en que 22 mujeres defensoras, ambientalistas y periodistas compartieron espacios de reflexión, formación, vinculación e intercambio entorno al agua.
Los temas centrales que se abordaron fueron: panorama del agua en San Cristóbal de Las Casas, agua y alimentación, agua y salud, así como la criminalización en la defensa del agua. Hablamos de las problemáticas, pero también de las estrategias que las mujeres están impulsando para hacerles frente. Algunas estrategias son: la participación de mujeres en asambleas y cargos barriales y vecinales, así como la formación en técnicas de autocuidado y cuidado colectivo, entre otras.
Aquí puedes encontrar un video en el que las participantes comparten sus perspectivas y acciones en la defensa del agua.
También compartimos la memoria fotográfica que retoma algunos de los momentos más poderosos del encuentro.
El agua es un derecho, pero en San Cristóbal al igual que en muchos otros lugares del mundo, no es para todas y todos, y para acceder a ella tienes que luchar. Con esta campaña buscamos visibilizar y enfrentar la profunda desigualdad en el acceso al agua entre las y los habitantes de San Cristóbal y las empresas, servicios turísticos y el poco interés que el sistema municipal del agua (SAPAM) tiene para regular el suministro y garantizar el suministro para uso doméstico.
Por medio de estas publicaciones, se invita a reflexionar, denunciar y exigir políticas que prioricen nuestros derechos.
Compartimos también en este corto documental en dónde las mujeres ponen de manifiesto la profunda desigualdad hídrica que existe en San Cristóbal de Las Casas. Mientras las mujeres de barrios y colonias se organizan y luchan para hacer frente a las afectaciones de salud, económicas, físicas y emocionales que les genera la falta de agua, las empresas y servicios turísticos derrochan sin medida. Les invitamos a escuchar las poderosas voces de las Defensoras del agua en San Cristóbal, su organización, su liderazgo y su lucha por la Justicia Hídrica son faros de luz para la organización comunitaria.
Con enorme alegría les compartimos el calendario ecofeminista 2025, el cual es parte de nuestra celebración por los XV años de nuestro caminar como Agua y Vida: Mujeres, Derechos y Ambiente.
¡Deseamos que lo disfruten, que las fotografías de fortaleza, dignidad, resistencia y esperanza las inspiren y aviven los fuegos de lucha y construcción de otros mundos posibles!
También queremos compartir con ustedes, un poco de nuestra historia… Parece que fue ayer cuando, en una plática acalorada entre amigas sobre la exclusión de las mujeres de los procesos de organización comunitaria en torno al agua, dijimos: “¡Ya basta! Vamos a hacer talleres sólo con las mujeres. ¡De mujeres, con mujeres y para mujeres!” Y así sembramos las semillas de un proyecto que ahora cumple quince años. Empezamos de manera voluntaria en el año de 2008 junto a grupos de mujeres organizadas, con las cuales analizábamos las problemáticas relacionadas al agua y los impactos en su salud, alimentación y en el trabajo. El interés de diferentes grupos de mujeres en Chiapas era notorio, de modo que en el año de 2010 nos formalizamos como una Organización No Gubernamental. Hoy somos reconocidas como una organización firmemente comprometida con la lucha por la justicia ambiental, climática y social. Desde la perspectiva de género y medio ambiente, evolucionamos hacia la perspectiva ecofeminista crítica latinoamericana. Desde el cuidado y gestión ambiental, ampliamos nuestra perspectiva hacia los bienes comunes naturales. Desde las problemáticas ambientales locales dirigimos nuestra mirada hacia la lucha en contra del modelo extractivo. Desde el trabajo con grupos locales de mujeres, avanzamos hacia el trabajo junto a los grupos de defensoras ambientales a nivel estatal, nacional e internacional.
Hemos cambiado porque estamos atentas a los constantes desafíos sociales, políticos, económicos y culturales que afectan la dignidad de la vida de las mujeres y de la naturaleza. El sistema hegemónico voraz y violento nos desafía constantemente y requiere la revisión comprometida y articulada del contexto en el cual trabajamos. Solo así podemos construir prácticas realmente contestatarias, transformadoras, tanto en lo concreto –la organización de las mujeres y el fortalecimiento de su poder personal y colectivo en la defensa y recuperación de sus comunidades y territorios– como en lo teórico, en lo reflexivo crítico.
Sin agua, no hay vida
Inicialmente, nos enfocábamos principalmente en la formación por medio talleres comunitarios en distintas regiones del estado sureño mexicano de Chiapas. Un estado periférico, de frontera, con realidades tremendamente dolorosas debido a la exclusión y marginación históricas y a la vez, resistencias y rebeldías también históricas. La educación popular ha sido nuestra principal herramienta para transformar estas realidades. El anclaje inicial de nuestros procesos formativos ha sido siempre la experiencia concreta de las mujeres como fuente de conocimiento, de saberes, de análisis que se colectivizan y problematizan como forma de confrontar esa realidad.
Nuestras estrategias de trabajo, además de la formación, fue ampliándose hacia la investigación participativa, hacia el activismo feminista y hacia la comunicación. Nuestra guía sigue siendo el derecho al agua desde la interdependencia con los derechos a la salud, a la alimentación, al trabajo, a la participación y la toma de decisiones. Es un derecho que también se relaciona con los derechos indígenas, con los derechos a la tierra y el territorio y con los derechos ambientales. Y nuestra consigna es la de que sin agua no hay vida.
Nuestro caminar junto a los grupos de defensoras comunitarias ha favorecido que los alcances de nuestros procesos formativos cuenten con la participación de mujeres de diferentes regiones del territorio mexicano. Actualmente, somos parte de grupos y redes de mujeres y feministas a nivel local, estatal, nacional e internacional.
Y seguimos
Nos enorgullece y nos renueva las esperanzas constatar, en estos quince años, que hemos construido relaciones sólidas y francas con diferentes grupos de defensoras, en donde el trabajo político va de la mano con el compañerismo: luchamos, marchamos, aprendemos juntas y también celebramos y festejamos juntas.
Nos enorgullece ser parte activa y propositiva de este gran movimiento de mujeres que, frente a las violencias, injusticias y opresiones, siembran la dignidad, la fuerza y la esperanza de mundos más sanos, libres y justos.
¡Por la vida en el centro de las decisiones climáticas! La 7ª generación de la Escuela Ecofeminista “Mujeres Defendiendo el Territorio Cuerpo-Tierra”, fue realizada del 22 al 24 de noviembre de 2023, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Nos reunimos entre 19 mujeres defensoras provenientes de los estados de Baja California, Chiapas, Estado de México, Hidalgo, Oaxaca, Veracruz y Yucatán, además de Ciudad de México. Desde nuestro trabajo y activismo por la defensa de los derechos a la tierra y el territorio, los derechos ambientales, el derecho al agua, los derechos culturales y el derecho a una vida libre de violencia, debatimos sobre la urgencia de posicionar los debates ecofeministas sobre las justicias ambiental, climática y ecológica, para juntas fortalecer la defensa del territorio cuerpo-tierra y construir mundos más sanos y justos. Este video da cuenta de las reflexiones que hemos realizado.
Durante los meses de marzo a mayo de 2024, realizamos la segunda edición del curso en línea sobre Metodologías de la Educación Popular Feminista, con el objetivo de generar reflexiones, debates e intercambios sobre la educación popular feminista, sus metodologías, apuestas y principales retos, y así aportar a la construcción de aprendizajes colectivos para la acción transformadora desde y para las mujeres. Formaron parte de esta segunda edición 27 mujeres, provenientes de México, Uruguay, Bolivia, Perú y España, la mayoría provenientes de organizaciones sociales y de base.
Partimos del hecho de que la Educación Popular Feminista es una propuesta político-pedagógica que tiene como fin la formación de sujetas críticas para transformar las realidades de opresión, violencia y despojo. Busca construir procesos de formación en los cuales las mujeres construyen aprendizajes marcados por el cuestionamiento, la rebeldía, la creatividad y el compromiso. Son procesos en los cuales las mujeres son consideradas sujetas de la producción de conocimientos. Conocimientos que surgen del cuerpo, del pensamiento crítico, de las experiencias vividas, de la memoria histórica, de las relaciones, de las emociones y de las subjetividades. Conocimientos que alimenten las rebeldías personales y colectivas, el reconocimiento de las capacidades de gestar prácticas y saberes desde lugares distintos, de legitimar los conocimientos de las mujeres que han sido invisibilizados y desdeñados.
La estructuración del curso
El curso estuvo diseñado en cuatro módulos que permitieron a las participantes el diálogo –sincrónico y asincrónico– entre pares en la virtualidad. De manera paulatina, transitamos por las metodologías de la educación popular feminista desde una perspectiva crítica, participativa y latinoamericana, procurando, con nuestras reflexiones, aportar al fortalecimiento de los procesos organizativos de las mujeres.
Los contenidos de cada módulo se orientaron hacia la crítica y autocrítica de los procesos formativos que realizamos, y aportaron a la construcción colectiva de acciones políticas que visibilizaran las problemáticas específicas que afectan a las mujeres, denunciaran las desigualdades, y también las resistencias. En el centro de nuestros debates, buscamos priorizarnos y reconocernos como constructoras de prácticas transformadoras.
Empezamos conociendo el panorama de la historia, evolución y marco teórico-político de la Educación Popular en Abya Yala, enfocándonos en el cómo las educadoras populares feministas fueron construyendo un enfoque hacia la crítica del patriarcado, fortaleciendo su papel como mujeres y sujetas políticas en la construcción del conocimiento desde la realidad de las mujeres y sus movimientos populares, de base e, incluso, guerrilleros.
Mantuvimos siempre presente la aseveración de que la metodología de la educación popular feminista busca aportar a los movimientos feministas y así transformar este sistema voraz que nos aniquila, que nos fragmenta, que nos transforma en objetos, que se nutre de nuestro trabajo, esfuerzo y creatividad – despojándonos continuamente. En otras palabras, el compromiso de la educación popular feminista es cuestionar, transformar las realidades de injusticia que todavía viven las mujeres – a pesar de los logros y avances que hemos tenido gracias al movimiento feminista.
Deconstrucción-reconstrucción
Los módulos del curso estaban relacionados entre sí, de modo que las participantes fortalecieron sus reflexiones sobre el hecho de que ésta es una metodología que se caracteriza por la dinamicidad, creatividad, pasión, valentía, y potencial crítico transformador. Es una práctica que implica la superación de las dicotomías de la modernidad occidental que crea jerarquías de valor entre cuerpo-mente, emoción-razón, privado-público, naturaleza-cultura, entre otras. Implica, además, reconocer los tiempos y ritmos de cada una, desde la aseveración implícita de que las mujeres vivimos múltiples y diferenciadas opresiones, y tenemos diferentes intereses políticos. También pudimos ampliar nuestra mirada a la destrucción y despojo de la naturaleza y los ecosistemas, que va de la mano con las violencias y despojo hacia nuestros cuerpos.
El curso nos llevó a cada una a romper con las supuestas seguridades que nos proporciona el sistema patriarcal; romper con las violencias aprendidas; romper con la comodidad que nos otorga el papel de víctimas; romper con esquemas profundamente arraigados sobre la vida, el trabajo, la espiritualidad, el consumo, el discurso, el activismo “militante”, entre otros aprendizajes. Fue un proceso colectivo en lo mínimo, doloroso, inquietante y que a la vez nos llevó a volver a reconstruirnos, re-construcción que requiere tiempo, soledad y el dolor de, como semillas, partirnos, rompernos y volver a crecer y florecer. Y al mismo tiempo, pudimos coincidir y sentir la alegría de sabernos aliadas, compañeras de lucha y caminos.
Un elemento clave en el curso fue la constatación de que la ética y política feminista con y entre las mujeres con las que trabajamos pasa por la construcción de una mirada interseccional, que está en constante revisión crítica y autocrítica, en la cual todas las participantes de un proceso formativo están en constante cambio y reflexión sobre nuestros propios procesos personales y colectivos. Entre los procesos formativos que revisamos, se destaca el taller, que se ha consolidado como espacio privilegiado de la Educación Popular.
El taller como espacio privilegiado para la construcción colectiva de conocimientos
Como método predominante en los procesos de educación popular feminista, el “taller” es uno de los espacios privilegiados para la construcción colectiva de conocimientos. Paulo Freire se preguntaba: “¿cómo llegar al pueblo y despertar las ganas de luchar?” Y en esta sintonía, nos preguntamos: ¿cómo llegar a las mujeres y despertar las ganas de luchar y transformar el sistema patriarcal capitalista, racista y colonial?
Acompañando las diferentes corrientes y evolución de los movimientos feministas, el taller como método también ha evolucionado, profundizado y ampliado cada vez más su claro fin político de transformar las injusticias.
Vimos, en el curso, que, para lograr este fin, en el taller se emplean “técnicas” y herramientas didácticas participativas que van más allá de la reflexión analítica y racional por parte de las personas participantes. La apuesta es la de validar otras formas de conocimiento, que surgen no solamente desde el análisis y pensamiento crítico, sino que también de los sentimientos, de la intuición, de las emociones y memoria personal y colectiva.
Buscamos recuperar el potencial transformador y creador de conciencia política que tiene el taller. Esta perspectiva, -además de superar la excesiva valoración de lo racional frente a lo emocional, y lo mental en contraposición a lo corporal-, es también una perspectiva intencionada, que se orienta hacia un posicionamiento político que cuestiona las dualidades entre razón-emoción, mente-cuerpo, objetivo-subjetivo presentes en nuestras sociedades patriarcales, a modo de recuperar y validar formas de conocimiento de las mujeres que han sido históricamente devaluadas por este sistema.
Renovar las esperanzas
Ser impulsoras de procesos transformativos, para nosotras de Agua y Vida es una gran satisfacción, porque esta es nuestra razón de ser: transformar las realidades de opresión e injusticia hacia realidades en las cuales la vida ocupa el centro. Para terminar, dejamos aquí algunos testimonios de las participantes, que nos inspiran, nos motivan y nos renuevan las esperanzas para seguir realizando y mejorando este curso.
¡Gracias a todas las personas que hicieron parte!
“Me pareció muy provocador, considero que la estructura del mismo traza una ruta bastante clara que permite analizar la propuesta crítica de la educación popular feminista hasta llegar a lo concreto y analizar nuestras propias prácticas. Los materiales, tanto videos como lecturas son muy potentes, ponen al centro de la discusión la apuesta política de la EPF y cómo a través de ésta se cuestionan las diferentes opresiones que vivimos las mujeres. Pienso que las tareas nos motivan a explorar nuestra creatividad de diversas formas. Los encuentros virtuales abren espacios de discusión muy necesarios y nos orientan no sólo sobre los contenidos del curso, sino también a ser críticas con lo que hacemos, cómo lo hacemos y su finalidad política”.
“Me pareció potente la reflexión política desde la práctica emancipadora de la organización y colectivización de grupos de mujeres. Aprendí de técnicas y métodos de la EPF que ya había llevado sin saber que eran tales, lo cual me dio mucha fuerza e inspiración para seguir caminando estos procesos emancipatorios. Pude escuchar las diferentes apuestas de mis compañeras en sus respectivos caminares, sentí un espacio abierto y seguro para el diálogo y la reflexión”.
“Superó mis expectativas pues las reflexiones que detonó me hicieron analizar lo fundamental que resulta partir de las propias experiencias para la construcción del conocimiento colectivo, crítico y transformador, que permita potenciar las luchas que las mujeres vienen dando para enfrentar las diversas opresiones que nos atraviesan, pero también fijar la mirada en la responsabilidad política que tenemos como facilitadoras”.
“Comprendí lo que es la EPF, pude cuestionarme personalmente mi ser feminista, además de complementar y reforzar mis conocimientos sobre EP y logré organizar mis ideas en torno a una propuesta metodológica práctica con estructura y con fundamentos teórico- conceptuales sólidos”.
“Diría que rebasaron mis expectativas, ya que los materiales de lectura fueron muy bien escogidos, el desarrollo de los módulos, muy bien planeados y resumidos. Además, el conocer las experiencias de las participantes es inspirador y produce empatía entre nosotras. Muchas gracias por ayudarnos a conectarnos con nuestra creatividad feminista”.
“El curso me ha ayudado a entender que para lograr una educación situada hay que hacerlo al revés de cómo nos enseñan, partir de lo interno y no de lo externo, también que como facilitadora es necesario estar en observación y cuestionamiento constante. Me llevó frases, preguntas, que me hicieron desbloquear pensares y sentires. Ahora trato de tener presentes esas palabras clave continuamente para seguir profundizando esas reflexiones”.
El 15 de julio la Red de Defensoras del Agua y el Territorio acompañó y acuerpo a su compañera Elizabeth Suárez en la rueda de prensa donde se dio a conocer que se retiró la carpeta de investigación en su contra por delitos como pandillerismo y secuestro, este es un gran logro para ella, su colonia y todas las defensoras, porque resalta que pese a la criminalización y corrupción que existe en las diferentes dependencias de gobierno local, estatal y federal aún se le puede arrebatar un poco de justicia al estado.
La Criminalización como forma de silenciar las voces
Ante la depredación voraz de los cuerpos-territorios de las mujeres y los territorios-tierra generada por el sistema capitalista y patriarcal, reforzado gracias a un Estado que no sólo tolera, sino que refuerza estos despojos, las comunidades han buscado organizarse, levantar la voz y tomar los espacios públicos para exigir el respeto y la garantía de sus Derechos.
Como respuesta a estas protestas surge la criminalización orquestada entre el estado y los actores privados hacia los y las defensoras de los territorios y los derechos humanos, esta es una estrategia que el sistema capitalista, racista y patriarcal utiliza para castigar a los y las lideresas de diferentes movimientos sociales, a través de esta estrategia se infunde el temor en las comunidades o territorios y se silencian los movimientos.
Tal es el caso de Elizabeth Suárez integrante del colectivo vecinal “Somos la Maya” y de la Red de Defensoras del Agua y Territorio.
Acá su historia, una historia de lucha, frustración, temor, aprendizajes, fortalezas y un poco de Justicia.
Su lucha comienza así…
Elizabeth vive en la Colonia Maya, una colonia ubicada al pie de una montaña al Sur de San Cristóbal de Las Casas, hace ocho años el dueño de un área vecina a la colonia comenzó la tala indiscriminada del espacio para la construcción de un fraccionamiento, la devastación de la montaña generó la inundación de la colonia, a partir de esa situación la colonia comenzó a organizarse para exigir tanto la reparación de los daños como la protección a la montaña. Se manifestaron por diferentes vías, reuniones en cabildo, denuncias públicas y marchas, como consecuencia de estas protestas Elizabeth y cinco integrantes más de la mesa directiva de la colonia fueron injustamente denunciados por delitos como pandillerismo, ataque a las vías de comunicación, incitación a la violencia, y el más grave, privación de la libertad en grado de secuestro.
Durante seis años tuvieron giradas órdenes de aprehensión por esos supuestos delitos, fueron seis años de frustración por no tener un debido proceso, seis años de vivir con el coraje y la frustración por haber sido criminalizada y criminalizados sólo por defender sus derechos, seis años con el miedo y la indignación de que el Estado no solo no garantiza sus derechos, sino que te señala y castiga si tu misma intentas defenderlos.
Sin embargo, ni Elizabeth ni sus compañeros dejaron de organizarse y luchar por la protección a la montaña y a su colonia. Finalmente, con la ayuda de Amnistía Internacional y el despacho San Ángel, lograron obtener el retiro de la orden de aprehensión girada injustamente en su contra por ejercer su derecho a defender la vida.
En la defensa de los Derechos, las defensoras viven más opresión y violencia
En el pronunciamiento, la Red afirmó que, “como Defensoras del Agua y el Territorio apoyamos, acuerpamos y nos alegramos por nuestra compañera Elizabeth haya alcanzado un poco de justicia, pero nos parece importante señalar que ella no es la única defensora que ha sido criminalizada o atacada por su trabajo en la defensa o ambiental. Es importante reconocer que las dinámicas de opresión y violencia que vivimos las defensoras son diferenciadas a las que sufren los hombres, ya que, para nosotras, además de las amenazas y criminalizaciones, vivimos difamación, acoso, violencia física, emocional y sexual, así mismo, se nos invisibiliza en las tomas de decisiones y en los puestos de poder, ya que nuestro trabajo amenaza al sistema capitalista- patriarcal, aunado a esto tenemos que señalar que estas violencias no son ejercidas únicamente por el estado, sino también por parte de familiares, comunidades e incluso de los mismos miembros de las organizaciones”.
Por mucho tiempo, y hasta ahora, los problemas, necesidades, propuestas y exigencias de las mujeres no han sido escuchadas por el sistema patriarcal capitalista en sus distintas versiones de poder (estatal, internacional, empresarial, etc.).
¿Por qué? simplemente porque en este modelo, las mujeres no somos sujetas sino objetos. Entonces ¿a qué financiadora le iba a importar que pasaba con los movimientos de mujeres en la década de los años de 1980?, ¿cuáles eran sus propuestas y necesidades de financiación? Pues sí importó. Importó para un grupo de cuatro mujeres feministas que de manera estratégica y sorora supieron, a través de su activismo, tomar sus condiciones de clase y ubicación geopolítica en el Norte Global para apostar por construir un mundo mejor. Esto las llevó a que en 1983 crearan el primer fondo internacional para la mujer: Mama Cash, enfocado en contribuir al fortalecimiento de los movimientos feministas.
Las fundadoras; Marjan Sax y sus cuatro compañeras feministas, nos cuentan que la construcción de este fondo feminista no ha sido un camino fácil, porque al haber dinero hay poder. La pregunta, entonces, era: ¿cómo equilibrar esa relación? Así que ellas han creado estrategias que permiten llevar el poder de la financiación a los grupos activistas de mujeres, niñas, personas trans e intersex que luchan por construir un mundo más justo y libre.
Cuatro décadas construyendo colectividades
El 25 de mayo Mama Cash nos invitó a celebrar este caminar. Fue un espacio de alegría, de compartir, reflexionar, reconocer y agradecer las muchas luchas y logros que se han venido tejiendo.
En el aniversario nos encontramos con personas de muchas y distantes latitudes: México, Colombia, Ecuador, Malawi (África), Indonesia (Asia) y por supuesto de Países Bajos, entre muchas nacionalidades más.
Nos reunimos cientos de personas para compartir lo que somos y hacemos. Se hizo presente la apuesta por la justicia climática feminista impulsada desde África, la lucha de la comunidad LGBTIQ+, y la necesidad del autocuidado y cuidado colectivo en la defensa de los Derechos Humanos. También compartimos el espacio con las personas que deciden poner su recurso económico al servicio de las causas sociales. No podemos dejar de mencionar a las integrantes del equipo Mama Cash, quienes hicieron que ese poderoso encuentro fuera posible.
Desde Agua y Vida: Mujeres Derechos y Ambiente, compartimos a través de una dinámica vivencial, la apuesta política del Cuerpo-Territorio como el primer espacio de lucha, de sabiduría, de protección y defensa. Nos pareció importante crear un espacio de reconocimiento individual y colectivo sobre las historias que habitan en nuestro cuerpo; historias de victorias, aprendizajes, historias de dolor, tristeza, frustración, historias de rabia y alegría, historias de estancamiento, impulso, y determinación. Es importante recuperar todas esas historias porque hacen parte de nuestra vida, de nuestras genealogías y porque es a partir de ellas que construimos todos los movimientos feministas.
Tal como ocurre en los procesos populares, pasamos de lo individual a lo colectivo, permitiendo un espacio de diálogo corporal más allá de la comunicación verbal, ¿qué me dice el cuerpo de mi compañera?, ¿qué historias la habitan?, ¿qué le dice mi cuerpo?, ¿cómo podemos comprendernos, acompañarnos, fortalecernos a partir de lo que cada una es?
La apuesta política feminista nos invita a reconocernos y reconocer a las otras, con todas nuestras complejidades, porque es desde ahí dónde podemos aportar a la transformación y construcción de un mundo más sano, es de ahí dónde podemos seguir aportando a ese gran tejido de cambio y esperanza.
Gracias Mama Cash, gracias a las y los donantes, pero sobre todo gracias a todas las colectividades de mujeres, personas trans e intersex que siguen apostando su tiempo, su energía y su corazón a las justicias sociales, ambientales y climáticas.