Formación

Desde Agua y Vida: Mujeres, Derechos y Ambiente AC impulsamos procesos formativos que se orientan por la metodología feminista. Esta metodología propone transformaciones radicales en nuestra forma de ver, pensar, entender y ubicarnos en el mundo.

La palabra “radical” tiene su origen en la palabra “raíz”: aquello que es profundo, que está en los orígenes, que sostiene todo lo demás y del cual todo lo demás se nutre, se alimenta. Pensar radicalmente es ir a los orígenes, revelar aquello que está oculto y que al mismo tiempo sostiene nuestro ser en toda su complejidad. Para las mujeres, eso significa darnos cuenta de nuestra invisibilización y exclusión históricas, de la naturalización de los roles y estereotipos femeninos e historizar, construir nuestra historia, nuestra genealogía de mujeres, juntar los muchos hilos en los cuales se han tejido y entretejido nuestro pasado y nuestro presente.

Visibilizar, desnaturalizar e historizar son los tres pasos principales en la ruta de la metodología feminista.

Visibilizar es hacer visible lo invisible, develar, quitar los pesados o diáfanos velos que cubren, ocultan o distorsionan la realidad, impidiéndonos verla de manera completa. Visibilizar requiere una actitud atenta, poner atención y cuestionar aquello que se nos presenta como real, natural, válido y correcto, analizarlo desde otras miradas, la mirada de la sospecha. Es un darse cuenta, un señalar y denunciar las apariencias, los disfraces con los cuales se viste el sistema patriarcal para naturalizar y justificar la violencia, la exclusión, la subordinación y la opresión de las mujeres.

La desnaturalización, por su vez, significa reconocer que somos seres culturales, que vivimos en culturas y sociedades históricamente cambiantes. Muchos elementos de la cultura, es decir, muchas de las formas de pensar, de sentir, de creer y vivir son construcciones culturales, y no hechos naturales, inmutables, dados por la naturaleza y sobre los cuales no tenemos poder de transformar. Lo natural es incuestionable, está dado, es “por sentado”, es obvio y sentido común. Lo natural, lo biológico, no se discute, no se cuestiona, sino que se acepta pues “así es”. Por lo tanto, la naturalización “hace innecesaria la reflexión sobre la existencia (…) Desde una perspectiva feminista implica desconfiar de todo aquello que investido de ciencia, religión o cultura justifica de alguna manera la subordinación” (Escuela de Formación Política Feminista, 2010: 40).

Desnaturalizar es cuestionar las verdades y los valores construidos y aprendidos socialmente, como por ejemplo, aquellos que definen lo que es ser mujer en la sociedad en que vivimos, lo bueno y lo bello, lo malo y lo feo, lo correcto y lo incorrecto. En los procesos formativos feministas, la primera desnaturalización es la de lo femenino, como por ejemplo, las creencias afirmadas como verdades de que las mujeres somos inferiores, débiles, sentimentales y amorosas por naturaleza, que somos mejores para el trabajo doméstico, que nos realizamos principalmente en la maternidad, entre otras construcciones sociales que se han disfrazado de naturales.

Finalmente, la historización consiste en poner nombre, contexto, dar forma, fechas, tiempo, cronología y orden a los procesos de invisibilización y naturalización de las mujeres y su ser. En otras palabras, historizar es revelar la subordinación de las mujeres, “implica ubicar, reconstruir la situación social, las mentalidades, los valores y sistemas normativos que orientan la definición de los géneros y la relaciones” (Escuela de Formación Política Feminista, 2010: 40).

El proceso de historización requiere de un análisis crítico de las instituciones sociales patriarcales, como la familia, el estado, las religiones, el sistema educativo, la política, el arte, y otras instituciones, para evidenciar y desmantelar toda cultura que legitima, sostiene y reproduce la opresión de las mujeres.